RUINART SE DECLINA EN CLAVE DE ARTE CON HUBERT LE GALL

El artista y escenógrafo Hubert Le Gall firma la nueva edición limitada de Ruinart Blanc de Blancs. Trazos finos y gruesos de color dorado invaden la blancura inmaculada del estuche del líquido aristocrático. Una línea del tiempo simbólica que se interrumpe cuando se abre y aparece la botella. La luz juega con su transparencia revelando los reflejos dorados del champán. Un homenaje al esplendor radiante de la Chardonnay, casta emblemática de este vino. Con un frescor aromático excepcional, Ruinart Blanc de Blancs combina sutilmente elegancia y ligereza.

Hoy, Hubert cuenta la historia de Ruinart, a través de esta edición y de una serie de esculturas. Recorriendo las viñas de Silléry, en la montaña de Reims, Hubert esbozó las líneas maestras de su serie de 12 piezas inspiradas en Ruinart. Su obra artística encuentra su inspiración en el simbolismo de las cosas. En los viñedos descubrió la Chardonnay, la uva emblemática de la Maison Ruinart. A Hubert, que introduce muchos brillos en sus creaciones, siempre le ha fascinado la paleta de colores de esta uva que evoluciona con cada estación para pasar por todas las gamas del verde y acabar en el dorado.

Esta colaboración —una aventura inédita para Hubert— le ha permitido salirse del terreno conocido y trabajar con un nuevo material, el vidrio. Un material cuyas imperfecciones, asperezas y burbujas de aire conforman su belleza. Hubert quería crear una obra colorida, alegre, luminosa y viva. A imagen del champán, que revela toda su elegancia a través de su color, su brillo y su efervescencia.

Cuando Hubert pensó en el vidrio para expresar su visión de la Maison Ruinart, inmediatamente le vino a la mente Murano. Para poder materializar los pensamientos y bocetos de Hubert se eligió el estudio Berengo, conocido por sus colaboraciones con los principales artistas contemporáneos. Hubert rinde así homenaje al paso del tiempo, jalonado por las estaciones y por el trabajo del hombre, a través de esta serie de 12 esculturas en la que cada una representa un mes del año. La vid se convierte en símbolo y a su alrededor las estaciones desfilan a su ritmo inmutable aportándole las transformaciones necesarias para el nacimiento del champán. El hombre y la naturaleza se sitúan en el centro de esta bella historia artística.